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Torcedoras de identidad

 Por: Aramis Fernández Valderas
Deslizan las finas manos por la tabla de enrolar, como las experimentadas pianistas por el teclado, toman las hojas de fortaleza uno, las arrugan, colocan a su lado otra similar tipo dos, al centro la tres, comienza, el difícil arte de torcer habanos para la exportación, más puros por las caricias de las mujeres, escinden las rabizas, envuelven la tripa con el capote, dan un corte con chaveta, lo colocan en el molde.
Media hora después, con la dulzura que velan el sueño de sus hijos, las

Cuando la cultura se hala a pulso se garantizan las tradiciones de los pueblos


Por: Aramis Fernández Valderas

Viví en casa de guano forrada con tablas de palma y sus divisiones eran de lomos de yagua; todos los días mi madre cargaba cocoa de un hoyo que hizo cerca del río, baldeaba el piso de tierra y al final le aplicaba la mezcla blancuzca, el fogón de leña relumbraba con la cocoa.

El guano se ponía negrito con el humo del fogón y la chismosa era la mejor amiga en las noches, cada cual tenía la suya así hacía las tareas y me acostaba cuando los grillos empezaban a cantar, a la cama columbina se le hundía el bastidor patente y de un solo grito la abuela Consuelo me daba el de pie a las cuatro de la mañana para que aparejara a la yegua Bermeja y enderezara hacia el pueblo donde me esperaba la escuela.

Entre animales, cañaverales y el monte tuve una infancia y juventud feliz, recuerdo que para bañarme tenía cargaba el agua en un pozo de brocal y el día en que apareció una rondana me sentí el mas dichoso de la tierra, antes debía halar el cubo a pulso y eso es muy difícil.

Pocos recuerdan esos tiempos que te formaban para el resto de la vida, ahora los abuelos hacen los cuentos y los nietos se alarman o dicen pobrecito cuanto trabajo pasó.

Nada de pobre, ¿Sabes cuanta riqueza tienen esas narraciones tan verdaderos como el día y la noche?, al menos así se hala a pulso la cultura perdida, porque mediante la rondana es más fácil y tú no los vas a entender; se perdería entonces el modo de vida de tus ancestros y con el los ricos horizontes de mi pueblo.

Filiberto Beltrán; no conoció los límites del humor


Por: Aramis Fernández Valderas


Existen personas que con su actuar se convierten en personajes populares que distinguen a una ciudad solo por ser diferentes y darle alguna que otra nota, fundamentalmente curiosa, este es el caso de Filiberto Beltrán Valdés un hombre que nunca conoció los límites del humor para convertirse con el tiempo en uno de los personajes más populares de esta ciudad situada en el mismo centro de la Isla de Cuba.

Muchos no lo conocimos personalmente, pero está el testimonio oral de los habitantes del territorio y fundamentalmente el de sus cuatro hijas Mirtha, Dulce Maria, Margot y Magalys hijas que acceden a la solicitud de www.rcabaiguán.cu para dejar constancia de su padre.

Mirtha Beltrán: “El iba a la escuela igual que cualquier niño de su edad después, montaba una escuelita en la casa, él era el maestro y daba clases y reglazos a diestras y siniestras, hasta que mi abuelo tuvo que desbaratar la escuela pues papi se creía que verdaderamente era el maestro.

De su paso por la escuela primaria hay varias anécdotas; una vez la maestra le pregunto que le nombrara un animal carnívoro y contestó que la gallina y maestra le corrigió.
- La gallina no es un animal carnívoro.
A lo que mi papá repuso: Si lo es porque cuando mi mamá está machacando el tasajo ella vuela y se lo lleva”.

Dulce Maria Beltrán: “Yo lo recuerdo porque a parte de ser mi padre era mi amigo y gozábamos mucho con las cosas que el hacia, muy cómico, jocoso y siempre de buen humor, incluso una vez en el merendero (bar) se hacían colas muy grandes y una vez llego a una cola de esas largas con una vara de pito de caña brava y amarró en la punta un jarrito y echó la peseta dentro de él y por encima de la gente paso la caña brava para que le echaran el poco de café y se lo echaron tan solo por aquella ocurrencia, uno de la cola protestó le dijo que era un descarado y el le respondió: Hubieras estudiando como yo y te hubieses aprendido los 27 mandamientos de la cola”.

Los dos timones
Magalys Beltrán: A él le gustaba hacerle maldad a todo el mundo entonces los mecánicos dijeron que hoy le va tocar la maldad a Filiberto Beltrán y llevo la camioneta al taller del Gallego Bella y le dicen bueno Beltrán hoy no te podemos sacar la camioneta porque tenemos mucho trabajo era viernes dice esto sale para el lunes, vienes el lunes a recogerla y se fue contento pues así no tenia que trabajar el fin de semana.

Cuando llega el lunes tenia puesto un timón igualito al izquierdo pero en el lado derecho después que vio aquello dijo:
-Me fastidiaron, los mecánicos, está bien ganaron ustedes.
Salió en su camioneta a trabajar enseguida vio a una vieja que le dijo que iba para Punta de Diamante y ella sorprendida le pregunto que para que utilizaba los dos timones el automáticamente le respondió que le daban unos ataques y que el otro timón era para que el que iba con él condujera el camión mientras se le pasaba, yo le aviso porque se cuando me van a dar los ataques y ella le pregunta como es que le dan, y el respondió me entra un picazón en la cabeza y en la barriga.
Cuando iban por la mitad del camino ya a la vieja se le había olvidado aquella conversación porque comenzaron a hablar de otras cosas y al poco rato comienza el a arrascarse la barriga y la cabeza y la señora asustada e dice:
- Oiga señor déjeme aquí mismo, ahora mismo, que nos vamos a matar.


En busca del hijo varón

Margot Beltrán: “Todo lo que él hacia le daba gracia a la gente y se reían a veces sin proponérselo, por ejemplo llegaba a la casa de algún lugar y enseguida nos llamaba y nos decía tu sabes lo que sucedió esto lo otro y así nos contaba lo que le había ocurrido y nos reíamos puesto que nos contaba aquello para que viéramos lo que había sucedido, eso era como para hacernos participes de lo que le había ocurrido a él con un vecino o con alguna persona aunque el no la conociera.

El quería tener un hijo varón y eso es parte de los cuentos que el nos realizaba y entonces allá en El Purial había un isleño, que tenia una vaca la cual le parió dos terneros jimagua, y tenia dos pares de hijos jimaguas varones, entonces el dijo que iba a llevar a Nena su esposa a ver si le cogia un parto. Papá velo al isleño un día que iba para el pueblo pues cerca de la casa había un camino por el cual este hombre tenia que pasar, él lo aborda y le dice que si le podía hacer un favor, el isleño le pregunta que favor y papa le dice, chico yo me entere que tu tienes cuatro hijos varones producto de dos partos jimaguas, y la vaca también te parió dos terneros, yo tengo tres hijas hembras y esperé seis años para preñar la mujer a ver si me salía un varón y me volvió a salir hembra, chico a ver de que manera tu me puedes preñar la mujer para tener un hijo varón y el isleño le metió las espuelas al caballo y le dijo usted lo que es un depravado.

Los tenis de de Beltrán

Magalys Beltrán: “Bueno con los tenis grandes de mi papá paseamos todas los carnavales, yo recuerdo que una vez fuimos al coopelia de Santa Clara recién inaugurado y se hacían unas colas tremendas, y hacía mucho frío, fuimos a buscar a Margot que estaba en la universidad y el llevaba los tenis en la camioneta pero nosotros no lo sabíamos, nos dijo vayan marcando la cola que voy a parquear la camioneta, veíamos que se demorada mucho y era que se estaba calzando los tenis con trapos viejos.
Cuando llegó a la punta de la cola le dijo al portero que lo dejara pasar que tenia un dolor en los pies, inmediatamente el portero se los miró y enseguida lo dejo pasar, imagínense se le veían hinchados y se sentó y comenzó a mover los pies y nos hacia muecas como quien dice sigan haciendo cola ustedes que ya yo estoy tomado helados jajajjaja.

El narrador de béisbol

Dulce María Beltrán: “El era muy aficionado al béisbol, iba hasta alos juegos de manigua, recuerdo que aquí en Cabaiguán había un pelotero que se llamaba Wenceslao Lara y el equipo de Cabaiguán iba perdiendo con el de Santa Clara tres por cero y se habían llenado las bases, le dijo ven acá Wenceslao ponte el traje de pelota y ven para que batees y le quitó al narrador el micrófono para narrar el momento dramático aquel y cuando se paro el bateador dice: Bueno en estos momentos el bateador emergente al bate Wenceslao Lara todos atentos viejas y jovencitas al tolete de Wenceslao.


Beltrán en la radio local

Mirtha Beltrán: “El tenia que buscar fuera de su finca la manera económica para mantener a su familia y todos los años por octubre noviembre se iba para el Escambray en busca de lechones para engordarlos un poquito con vistas al fin de año.
El se llegaba a la emisora que había en el pueblo y le decía a Anguito, dueño y locutor de la planta radial: Yo te voy a dar un lechón y tu me le tienes que hacer propaganda de que yo tengo puercos para poder venderlos, entonces, lo que bajaba para allá era un fenómeno a veces tuvo que vender la puerca paridora

Margot Beltrán: Una vez se hizo un concurso en la emisora buscando el poeta o el repentista y él se presentó, aquella noche habían varios concursantes, había que cantar una décima, detrás del cristal miraban muchas personas, el premio eran cinco pesos y una maquina de afeitar y el ganador lo definía el público por aplausos, el cantó una prosa que nada tenía que ver con una décima, decía unas cosas cómicas y un señor que había cantado de lo mas bonito un décima comenzó a hablar cosas de mi papá que al final se llevó el premio de la popularidad .

Pero al otro día él tenía que ir a Trinidad a buscar puercos y llega a una casa donde él conocía al dueño de la misma, pero no a la mujer y llega y mi papá le pregunta ¿señora usted oye los poetas? y ella le dijo: los oía hasta ayer porque ahí cantó un señor llamado Beltrán que fue el ganador del concurso y sin embrago había otro que cantó mejor que él y no se ganó el premio, el hombre de la casa le dice oye fulana tu sabes quien es el hombre que cantó ayer en la radio, dice ella quien sea, no servía, pues mira, es este señor.

Decía que la mujer bajo la cabeza y no hallaba donde meterse del tiro se metió para la cocina y no salio más”.

Filiberto el padre ejemplar.

Mirtha Beltrán: “Nosotros nos hemos sentido contentos tanto del papá como de la mamá que tuvimos, mi papá fue un padre ejemplar porque mucha gente conoce lo simpático pero no saben de la integridad moral, de su participación en la guerra revolucionaria, fue un hombre valiente dió demostraciones de tener entereza, en una ocasión me dijo nunca permita que se reían de usted y yo le dije, pero papi si de ti se ríen cantidad, me respondió no la gente se ríe de lo que yo digo, que no es lo mismo”.

Margot Beltrán: “Él con nosotros fue muy cariñoso, juguetón, nosotros lo mimábamos mucho lo teníamos como su hubiese sido un muchacho para jugar porque él se prestaba para eso siendo nosotros pequeñas y nos encantaba salir con el a pasear o hacer visitas como éramos campesinas solo hacíamos visitas nos sentíamos bien y disfrutábamos su compañía”.

La muerte de Filiberto Beltrán, privo a Cabaiguán de un personaje popular que supo imponer respeto y hacer reír con las ocurrencias, pero su legado está ahí forma parte del patrimonio inmaterial de este pueblo que sigue riendo con sus ocurrencias

El arte del torcedor

De Artistas esta hecho el mundo; quien dice que una labor por sencilla, no lleve el arte como el elemento inspirador e incluso motivo de perfeccionamiento de la obra hecha con las manos hacen los hombres.
Entonces sin discusión alguna en nuestras cuadras abundan los artistas, pero quiero referirme a los que desde bien temprano en la mañana, transforman la tripa y la capa en valiosos habanos, símbolo de cubanía  y deseados en todo el mundo.
Entre las chavetas, tablas y prensas, viven los torcedores, atados a una mesa, con la vista acariciando el color y palpando la suavidad de las hojas, las cuales conocen hasta en sus sueños, unas proceden de de Vuelta Arriba o Vuelta Abajo, otras del centro de la isla.
Las manos callosas se vuelven tiernas, una y otra vez la pasan por la tabla de enrolar, una y otra vez aprietan  para tensar las fibras y hacer desaparecer las hebras, una y otra vez piensan en quienes llevaran la boconada de humo para diseminarla y en el aire escribir el nombre de Cuba.
Torcer es un arte sin dudas, porque se hace con el corazón, se hace para el placer, se hace para sintetizar un pensamiento abstracto;  el que de verdad sabe de la obra es quien la hizo, el resto solo opina, los criterios resultan ser diversos, la mayoría positivos con respecto a la acción aunque el tabaquero sabe que su cuadro puede dañar.
En días pasados, me puse a observar a torcedores en la Bauzá, los pasos eran similares, jóvenes y experimentados, hombres y mujeres acuñaban con sellos de oro la dependencia de la calidad y hasta el cerrado de las cajas es arte,  el terminado es el cofre que encierra el sudor de las manos cansadas de la faena pero prestas a despertar mañana para seguir tejiendo habanos y ampliar los horizontes de mi pueblo con el arte de sus manos.

Memorias: primeras escuelas construidas en Cabaiguán

“La educación es como un árbol: se siembra una semilla y se abre en muchas ramas. Sea la gratitud del pueblo que se educa árbol protector, en las tempestades y las lluvias, de los hombres que hoy les hacen tanto bien. Hombres recogerá quien siembre escuelas”.
Esta no era una frase de José Martí como para estar almacenada en las escasas librerías existentes al triunfo de la Revolución, bien que lo entendían los torcedores de tabaco de la Fábrica Bauza cuando apenas un mes después del comienzo de la alborada, acuerdan crear una comisión para la construcción de las tres primeras escuelas en el territorio.
Humberto Rodríguez Reyes, cincuenta años después de surgir la idea, recuerda la aprobación unánime de los obreros del torcido: “Hicieron tronar las chavetas, la emoción apartó las tablas de enrolar, todos nos abrazamos, comenzó la cuenta regresiva y un año después las aulas acogieron a los primeros alumnos".
Máximo Pérez Rodríguez, otro de los impulsores de las obras aclara: “Para edificar los centros educativos no contábamos con un centavo, tampoco le pedimos al Estado porque Fulgencio Batista había dejado las arcas en cero, pero teníamos la seguridad de que el pueblo apoyaría las obras”.
“En Cabaiguán existían algunos centros educativos, estaban ubicados en la parte más céntrica de la ciudad y la mayoría eran de propiedad privada”, apunta Mario García Reyes, dirigente sindical de la época. “Es por eso que seleccionamos tres barrios marginales para acometer la obra: los de La Refinería, El Jobo y La Grúa, allí la mayoría de los muchachos andaban descalzos y muy pocos asistían a clases”.
Manos a la Obra
La intensión de los tabaqueros se pone en práctica en febrero de 1959, cuando empiezan a recoger botellas y otros envases de vidrio entre los vecinos y con el dinero de la venta compran los primeros ladrillos, a esta iniciativa se suman otras y la mejor de todas.
“También hicimos una vega, pero no sembramos el tabaco”, aclara Isasio Pino Cruz. "Hicimos un llamado a los campesinos para que cada veguero entregarán unas 25 libras de la hoja al Comité Pro Escuela y así se recogieron cientos de quintales que después nos compró la fábrica de tabacos Bauzá”.
Recaudado el dinero se efectuaba la compra de los materiales, “Pero cuando las personas tomaron conciencia del proyecto también hacían otros aportes a la causa de la educación”, afirma Humberto Rodríguez Reyes, quien fungía como presidente de la Comisión Municipal de los Torcedores de Tabaco para impulsar la educación en el municipio en el año 1959.
El baile que acabó con los colores
“Se nos ocurrió celebrar un baile con las calles cerradas para con las recaudaciones agrandar la cuenta. Como era costumbre se colocó una cerca para dividir a blancos y negros. Cuando la fiesta estaba en pleno apogeo decidí quitar la línea divisoria y entonces todos empezaron a bailar juntos”, recuerda Máximo Pérez Rodríguez.
Mario García Rodríguez atestigua: “Aquella fiesta acabo con los colores, jamás el pueblo se ha dividido por cercas ni por cuerdas, aquellas escuelas que comenzaban a construirse, antes de recibir a los alumnos, enseñaron a los cabaiguanenses que negros y blancos éramos cubanos, así empezaba a transformarse el sentimiento de segregación racial que imperaba en el municipio”.
Máximo, rememora como en la propia fiesta se fue trasmitiendo entre los asistentes la necesidad de que la mano de obra no costará nada y se aprueba por la población hacer los centros escolares con trabajo voluntario.
Sudor de pueblo para cultivar las ideas
“Fueron 52 domingos sin descansar, el que no ponía un ladrillo alcanzaba la mezcla, nadie cobro un centavo”, dice Humberto Rodríguez, mientras va señalando la forma en que se hizo la zapata de la Escuela de la Grúa, hoy nombrada Dionisio Rodríguez, como recuerdo al mártir cabaiguanense, “Aquí estaba situado el foso de la pesa de caña, lo rellenamos con piedras, parte de este piso los donó el ejecutor del barrio de la Refinería”.
En el recorrido, los niños de la escuela Ramón González Crespo del Jobo, conocen por medio de una foto quién fue José Sosa Riverón, Isacio Pino, les explica que este hombre común del pueblo fue el jefe de la obra que cincuenta años después ellos disfrutan, los pequeños encienden las computadoras, dejan correr los videos educativos y corroboran a Pino, que aquella obra no se ha interrumpido y que ahora ellos con las nuevas tecnologías en la misma instalación cincuentenaria multiplican los conocimientos.
Una fotografía ampliada en blanco y negro recibe al visitante en la escuela Julio Antonio Mella del barrio de la Refinería, es el momento de la inauguración de la instalación educativa, los testimoniantes comienzan a reconocerse, a veces confunden rostros, Mario García Reyes, invita a los miembros fundadores de la comisión creada en la Fábrica de tabacos Bauza, apenas un mes después del comienzo de la alborada, para contar la historia y evitar su olvido entre los cabaiguanenses.