Mostrando entradas con la etiqueta habano. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta habano. Mostrar todas las entradas

Torcedoras de identidad

 Por: Aramis Fernández Valderas
Deslizan las finas manos por la tabla de enrolar, como las experimentadas pianistas por el teclado, toman las hojas de fortaleza uno, las arrugan, colocan a su lado otra similar tipo dos, al centro la tres, comienza, el difícil arte de torcer habanos para la exportación, más puros por las caricias de las mujeres, escinden las rabizas, envuelven la tripa con el capote, dan un corte con chaveta, lo colocan en el molde.
Media hora después, con la dulzura que velan el sueño de sus hijos, las

El arte del torcedor

De Artistas esta hecho el mundo; quien dice que una labor por sencilla, no lleve el arte como el elemento inspirador e incluso motivo de perfeccionamiento de la obra hecha con las manos hacen los hombres.
Entonces sin discusión alguna en nuestras cuadras abundan los artistas, pero quiero referirme a los que desde bien temprano en la mañana, transforman la tripa y la capa en valiosos habanos, símbolo de cubanía  y deseados en todo el mundo.
Entre las chavetas, tablas y prensas, viven los torcedores, atados a una mesa, con la vista acariciando el color y palpando la suavidad de las hojas, las cuales conocen hasta en sus sueños, unas proceden de de Vuelta Arriba o Vuelta Abajo, otras del centro de la isla.
Las manos callosas se vuelven tiernas, una y otra vez la pasan por la tabla de enrolar, una y otra vez aprietan  para tensar las fibras y hacer desaparecer las hebras, una y otra vez piensan en quienes llevaran la boconada de humo para diseminarla y en el aire escribir el nombre de Cuba.
Torcer es un arte sin dudas, porque se hace con el corazón, se hace para el placer, se hace para sintetizar un pensamiento abstracto;  el que de verdad sabe de la obra es quien la hizo, el resto solo opina, los criterios resultan ser diversos, la mayoría positivos con respecto a la acción aunque el tabaquero sabe que su cuadro puede dañar.
En días pasados, me puse a observar a torcedores en la Bauzá, los pasos eran similares, jóvenes y experimentados, hombres y mujeres acuñaban con sellos de oro la dependencia de la calidad y hasta el cerrado de las cajas es arte,  el terminado es el cofre que encierra el sudor de las manos cansadas de la faena pero prestas a despertar mañana para seguir tejiendo habanos y ampliar los horizontes de mi pueblo con el arte de sus manos.