Por: Aramis Fernández Valderas y Daisy Martín Ciriano (Museóloga)
Muchos cabaiguanenses conocen y aún practican diferentes tradiciones
para realizar los cultivos de plantaciones en sus sitierías. Aún en el
territorio perviven ancianos, que como
Elpidio, aprendieron desde muy
pequeño su aplicación y que guardan en su memoria disímiles costumbres
que mucho vale rescatar y saber.
Al escuchar sus vivencias se puede
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La java vacia
Por: Aramis Fernández Valderas
Este domingo en la feria
agropecuaria en Cabaiguán tarde demasiado tiempo en busca del arroz, en las tarimas lo ofertaban a cinco pesos la
libra. ¿Y si existía arroz por qué me demore tanto en adquirirlo?; esa es la pregunta.
Topado a 3.50 pesos, el
comentario iba y venía. En la cola estaba detrás de una señora ya
Richard Jeans, un Pintor francés que se hizo agricultor en Cabaiguán
Por: Aramis Fernández Valderas
Cabaiguán destino de inmigrantes canarios en los inicios del siglo XX, tuvo en su seno también a un cultivado francés que conoció y aprendió de las principales corrientes pictóricas de la meca del arte Europeo en el último cuarto del siglo diecinueve.
Tras su llegada a Cuba por la Habana, en busca de familiares en la isla y de nuevas rutas que lo condujeran a un futuro más holgado Richard Jean Sanchez Hattemberger ,
Cabaiguán destino de inmigrantes canarios en los inicios del siglo XX, tuvo en su seno también a un cultivado francés que conoció y aprendió de las principales corrientes pictóricas de la meca del arte Europeo en el último cuarto del siglo diecinueve.
Tras su llegada a Cuba por la Habana, en busca de familiares en la isla y de nuevas rutas que lo condujeran a un futuro más holgado Richard Jean Sanchez Hattemberger ,
Luís Martín: El rey de la tonada
Por: Aramis Fernández Valderas
La tonada, según varios diccionarios se define como: “Composición
poética concebida para ser cantada, Modo de acentuar las palabras, en el
caso de las campesinas aparecen como un estribillo dentro de la décima
con el cual intensifican el acento armónico de la obra”.
Luís Martín, “El Ruiseñor del Yayabo” se le considera como un maestro viviente de la décima cubana y sobre todo figura sobresaliente en la tonada al dominar más numerosos estilos.
Según los estudiosos: “Las tonadas son cantos de trabajo que acompañan a diversas faenas como el ordeño, la labranza, el arreo, la caza, la pesca, la trilla, la molienda de maíz, la cosecha y el necesario descanso del hombre de su existencia, la alegría, el humorismo o la naturaleza que los rodea”.
El poeta cabaiguanense, primero agricultor, después
La Sierra de las Damas, regalo de la naturaleza y responsabilidad de los hombres
Por: Aramis Fernández Valderas
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| Sierra de Las Damas |
El accidente geográfico es un sitio conformado por calizas masivas del Cretácico perteneciente a la Formación Isabel, con lugares de gran interés paleontológico como la Cueva del Mechero, donde se han encontrado restos de fauna fósil del Cuaternario (jutías extinguidas) y en
Jíquima es punto cubano
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| Guateque Campesino en Jíquima |
El Hato Pedro Barba
Según el conocido historiador español Jacobo de la Pezuela, Pedro Barba fue uno de los fundadores de la Villa San Cristóbal de La Habana en 1515, y acompañante del Adelantado Diego Velásquez en la colonización de la isla. También Roque Garrigó lo menciona en su libro “Porcado” como visitante de la Villa de Santiago, junto al propio Vasco Porcado de Figueroa y Pánfilo de Narváez.
Su relación con Sancti Spíritus y Cabaiguán pudiera quedar aclarada, si se toma en cuanta la afirmación del historiador Orlando Barreras, cuando señala que el “9 de febrero de 1519 es nombrado alcalde de La Habana, el residente (vecino) de Santo Espíritu Don Pedro Barba, quien poseía la jurisdicción espirituana una inmensa hacienda del mismo nombre”. (1)
De ser cierto, estaríamos ante una temprana noticia sobre el territorio en cuestión, pues sólo hacía cinco años que había sido fundada la villa espirituana, la cual aún no se encontraba en las márgenes del Río Yayabo.
Oficialmente, el Cabildo Espirituana mercedó, por segunda vez este Hato, debido a la pérdida de libros por los ataques piratas, el 18 de mayo de 1593, a nombre de Gonzalo de Balboa, con motivo de la visita que hizo a ese lugar Don Diego Ochoa de la Vega. Este “lo solicitó con la expresión de ser para hatos de vacas” (2), y se aclaró que se concedía “en razón de no haber perjurio no contradicción de ninguna persona” (3).
Precisamente, Pedro Barba aparece en la relación de haciendas deslindadas en 1577 por dicho Cabildo, pero al igual que en otros, no se menciona el propietario de entonces.
Se conoce además que en el año 1648 se fundó una capellanía por valor de $825, siendo escogido el lugar por Don Sebastián Suazo.
Sin dudas, el hato Pedro Barba se fue convirtiendo, con el transcurso del tiempo caracterizado por la división de sus tierras, donde existían varios propietarios que se dedicaban fundamentalmente a la cría de ganado, esto lo ilustra el hecho de que en fecha tan temprana como 1757, existían cinco dueños llamados Don Pedro García, Don Francisco de Polas, Don Gaspar de Ulloa, Don Carlos de la Portilla y Agustín Díaz, conociéndose que en 1784, Don Antonio Portal, también ocupaba un sitio en dicho hato.
El asunto de los límites de Pedro Barba tiene sus particularidades, determinadas por el desprendimiento de su mitad a favor de la Jurisdicción de Remedios, utilizándose para su demarcación los ríos Zaza y Caonao. Esto ocurrió en el año 1678.
Este hato fue casi perfecto en sus medidas, pues en comprobación efectuada en 1754, su radio distaba de las haciendas limítrofes las dos leguas establecidas, con la sola excepción de su medida hacia el sur donde se entrecruzaba con su vecino hato de Neiva, y donde alcanzaba solo legua y media, siendo su punto disidente el Arroyo Los Portugueses.
En la parte oeste colindaba con el hato San Felipe y el corral Tibisal; por el este con el corral Las Vueltas; y al norte con los corrales Alicante y El Mamey, ambos pertenecientes a la Jurisdicción de Remedios.
(1)Barreras Figueroa, Orlando. “Efemérides Espirituanas Anotadas”. 1995. (Inédita).
(2)Legajo 3. Pieza 6. Fondo Haciendas Comuneras. Archivo Provincial de Historia Sancti Spíritus.
(3)Legajo 3. Pieza 6. Fondo Haciendas Comuneras. Archivo Provincial de Historia Sancti Spíritus.
* Tomado del Libro en Preparación “La Historia de Cabaiguán”
Las cabañuelas
Por: Aramis Fernández y Daisy Martín Ciriano
Los campos de Cuba están repletos aún de ricas tradiciones campesinas, que a pesar de todos los adelantos de la ciencia y la técnica, hay que respetar.
Los más ancianos de las sitierías narran como se conocían y respetaban aquellas personas que tenían “gracia” para curar el dolor de cabeza, el estómago, la cintura abierta, los ojos pecao, los bichos a los animales y otras tantas anomalías que se resolvían sin tener que trasladarse desde su hogar hasta donde lo atendiera un médico.
En cuanto a la naturaleza estos hombres de campo también tenían conocimientos que les hacía predecir un mal tiempo, porque si del sur venía viento, bien se esperaba otros males, porque el sur no trabaja en vano y así otras conjeturas que de seguro llegaron de sus ancestros.
En este mes de enero desde que bien inicia el día primero. Todavía hay hombres de campo que “cogen las cabañuelas”. Esta es una añeja tradición, muy practicada, que hace tener una noción bastante acertada de cómo se comportará la estación de lluvia y sequía. Desde el mismo 1º de enero los campesinos van anotando el comportamiento del día: de ventolera, de llovizna o seco, así continúan hasta el día 12, cada día simboliza el mes del año y al llegar a diciembre comienzan a tomarlas en forma inversa comenzando por el día 13 que ilustra al mes de diciembre. Así se cogen las cabañuelas al derecho y al revés, primero las grandes y luego las chiquitas.
Si bien en aquellos tiempos había poca información meteorológica, pocos también eran los que podían tener un radio o un televisor.
Este mes de enero 2012, ya se fueron las cabañuelas y todo aquel que las “cogió” coincide en preocuparse por la sequía que pintó cada día. Sin embargo, y por suerte, el embalse de agua del municipio, enclavado en el río Tuinicú, en la zona de Manaquitas logró reponerse del deterioro del año anterior y ascendió en el almacenamiento de agua, lo que favorecerá el abasto que brinda en el territorio y sobre todo a la Capital Espirituana.
Cultura campesina entre palmas y el bohío
La identidad del agricultor se guarda en arca segura, las palmas escoltan al caminante. El frondoso mamoncillo, refresca la calurosa mañana, mientras en la casa techada con guano cana reposa la historia de los labradores de la tierra en la isla. Veintitrés años cumple este 14 de octubre el Museo Etnográfico Regional Campesino, único de su tipo en Cuba.
Ubicada en la finca Nueve Hermanos en el kilómetro 3 de la carretera que comunica a Cabaiguán con Santa Lucía, la instalación atesora objetos, utensilios, herramientas de trabajo y elementos distintivos de la arquitectura agraria, característica del campo cubano hasta los inicios de los años setenta del siglo pasado.
Las fotografías de la familia Rodríguez, cuelga en la pared del cuarto matrimonial, parece que vigilan el orden y la limpieza del bohío el cual acumula miles de visitas de cubanos y extranjeros a lo largo de sus 23 años de existencia.
El pilón de maíz señorea en los alrededores a otras fabricaciones de tabla de palma real, típicas de las fincas de Cabaiguán, mientras los terrenos aledaños acogen la siembra de tabaco, malanga, y caña entre otros cultivos tradicionales de la nación.
El centro patrimonial festeja con el guateque campesino su nuevo aniversario, las 113 palmas aplauden mientras la imagen de la familia Rodríguez se mantiene atenta al trato de los museólogos con los niños de la comunidad y recuerdan todos los octubre la Jornada por la Cultura Cubana.
Cuentos guajiros en extinción
El taburete de Abelardo se inclina contre la pared de Yagua, Justa enciende el candil, como ella llama a la chismosa, las gallinas se acuestan, llegan los campesinos desde todos los puntos de la sitiería; las narraciones se hacen dueñas de la noche.
Guijes, ciguapas, diablos, madres de aguas, y brujas transitan por el verbo guajiro, cuentos para pasar la noche, léxico peculiar, leyendas de honda viveza, inocencia de las figuraciones rurales, tradición perdida con la entrada del televisor.
Las andanzas de la tradición oral campesina, recrea al campo cubano hasta la década de los años setenta del pasado siglo, con ellas se despide también la hermandad agraria las visitas de los compadres de Hatico, Cruz de Neiva o el Troncón, pocos aparejan la jaca para llegarse a casa del vecino, pocos hurgan en la mitología agraria de Cuba.
Los tiempos actuales hacen peligrar la oralidad , los Guijes ceden el paso a los superbarios, las ciguapas a las telenovelas, las madres de agua, a la tira de películas, las brujas se van con la escoba a cuesta, nadie les hace caso.
Cuentan que cuentan las lenguas, sobre todo las más veteranas, que en el charco de Pedro salen de noche dos perros que se ponen grandísimos. Muchas historias fantásticas de aparecidos corren de boca en boca por aquellos sitios, y no es para menos.
Los hijos y nietos dejamos a un lado los cuentos de muertos de Abelardo, la Ceiba de la lechuza, los calderos que caían en la cocina por la magia negra, nos montamos junto con la bruja sobre la escoba, nos adentramos en el escaso calor humano de las noches campestres que terminan cuando el bombillo se apaga, mientras la chismosa de Justa no recuerda la última vez en que fue encendida.
Guijes, ciguapas, diablos, madres de aguas, y brujas transitan por el verbo guajiro, cuentos para pasar la noche, léxico peculiar, leyendas de honda viveza, inocencia de las figuraciones rurales, tradición perdida con la entrada del televisor.
Las andanzas de la tradición oral campesina, recrea al campo cubano hasta la década de los años setenta del pasado siglo, con ellas se despide también la hermandad agraria las visitas de los compadres de Hatico, Cruz de Neiva o el Troncón, pocos aparejan la jaca para llegarse a casa del vecino, pocos hurgan en la mitología agraria de Cuba.
Los tiempos actuales hacen peligrar la oralidad , los Guijes ceden el paso a los superbarios, las ciguapas a las telenovelas, las madres de agua, a la tira de películas, las brujas se van con la escoba a cuesta, nadie les hace caso.
Cuentan que cuentan las lenguas, sobre todo las más veteranas, que en el charco de Pedro salen de noche dos perros que se ponen grandísimos. Muchas historias fantásticas de aparecidos corren de boca en boca por aquellos sitios, y no es para menos.
Los hijos y nietos dejamos a un lado los cuentos de muertos de Abelardo, la Ceiba de la lechuza, los calderos que caían en la cocina por la magia negra, nos montamos junto con la bruja sobre la escoba, nos adentramos en el escaso calor humano de las noches campestres que terminan cuando el bombillo se apaga, mientras la chismosa de Justa no recuerda la última vez en que fue encendida.
Finca Don Tomás; Universo resumido
Camino a Fomento, muy cerca de Santa Lucía, a seis kilómetros de Cabaiguán, un hombre prefiere las rosas, nunca pensó Don Tomás que en sus rústicos potreros compartidos por mucho tiempo entre el tabaco y el ganado, florecieran 300 especies de plantas ornamentales y cerca de 130 de frutales, tampoco se imaginó el viejo campesino, el regreso de su hijo Marcelo a la Tierra, después de graduarse como Ingeniero mecánico.
Hay páginas no escritas, esta es una de ellas, refiere el productor, ahora, si me pusieran a escoger, me quedaría entre los perfumes y el verde intenso de la foresta, parco en palabras, pero hábil con el azadón, Marcelo Ríos descubrió hace cuatro años el misterio de los injertos, de sus secretos, no hay quien le hable, menos del tratamiento al terreno con materia orgánica, el mejor de los abonos de los que tenga conocimiento.
Solo hectárea y media, dedica el productor referencia nacional del movimiento de la agricultura urbana, a estos nobles cultivos, unos que alimentan el estómago y otros el espíritu, es así, afirma, he visto a muchas personas al decidir entre el pan y una flor, tomar la última.
En el jardín de Marcelo se resumen el universo, especies de todos los países de América, las Islas Malucas, Malasia, El Medio Oriente, Europa y Africa, surgen de la misma tierra, como si el mundo naciera en suelos cabaiguanenses.
Con poco más de 40 años, Ríos, imparte consejos a otros dedicados a los mismos fines en Cuba, pero traspasa fronteras, colombianos, holandeses e ingleses también aprenden de la magia del miembro de la Cooperativa de Créditos y Servicios Sergio Soto y asociado a la Fundación Antonio Núñez Jiménez.
De la finca Don Tomás, nadie sale sin probar la guayaba enana o los melocotones caribeños, mucho menos sin asombrarse de los higos tropicales, los quince tipos de mango o el nuevo ejemplar de fruta bomba con dieciséis libras de peso.
En el adiós me percato de la frágil figura de Marcelo, nada le asemeja al campesino, más bien a un intelectual, escritor noche a noche de los expedientes del sembrado, se equivoca periodista, gracias a ser ingeniero aprovecho el saber en toda su magnitud, en mi finca la sabiduría, es el gran secreto del éxito.
Hay páginas no escritas, esta es una de ellas, refiere el productor, ahora, si me pusieran a escoger, me quedaría entre los perfumes y el verde intenso de la foresta, parco en palabras, pero hábil con el azadón, Marcelo Ríos descubrió hace cuatro años el misterio de los injertos, de sus secretos, no hay quien le hable, menos del tratamiento al terreno con materia orgánica, el mejor de los abonos de los que tenga conocimiento.
Solo hectárea y media, dedica el productor referencia nacional del movimiento de la agricultura urbana, a estos nobles cultivos, unos que alimentan el estómago y otros el espíritu, es así, afirma, he visto a muchas personas al decidir entre el pan y una flor, tomar la última.
En el jardín de Marcelo se resumen el universo, especies de todos los países de América, las Islas Malucas, Malasia, El Medio Oriente, Europa y Africa, surgen de la misma tierra, como si el mundo naciera en suelos cabaiguanenses.
Con poco más de 40 años, Ríos, imparte consejos a otros dedicados a los mismos fines en Cuba, pero traspasa fronteras, colombianos, holandeses e ingleses también aprenden de la magia del miembro de la Cooperativa de Créditos y Servicios Sergio Soto y asociado a la Fundación Antonio Núñez Jiménez.
De la finca Don Tomás, nadie sale sin probar la guayaba enana o los melocotones caribeños, mucho menos sin asombrarse de los higos tropicales, los quince tipos de mango o el nuevo ejemplar de fruta bomba con dieciséis libras de peso.
En el adiós me percato de la frágil figura de Marcelo, nada le asemeja al campesino, más bien a un intelectual, escritor noche a noche de los expedientes del sembrado, se equivoca periodista, gracias a ser ingeniero aprovecho el saber en toda su magnitud, en mi finca la sabiduría, es el gran secreto del éxito.
Museo Campesino de Cabaiguán; baúl de la añoranza guajira de Cuba

Camino a Santa Lucia a unos tres kilómetros de Cabaiguán, la finca Nueve Hermanos, guarda el patrimonio agrario de Cuba.
Ciento trece palmas, escoltan al visitante y lo conduce al único museo etnográfico campesino que existe en la isla. La instalación fundada el 14 de octubre de 1987, recoge la forma de vida del campesinado cubano, en el se exhiben piezas que identifican su cultura material.
El Bohío posee una arquitectura de dos construcciones en forma de (T) unidas por una canal, cuyos materiales son tabla de palma y guano cana con su típico piso de tierra. En la sala se muestra como mueble tradicional el taburete confeccionado de madera dura y cuero, en las paredes fotografías de la familia Rodríguez
En el dormitorio del matrimonio la cama de hierro de mitad del siglo XX, tendida con sobrecama artesanal confeccionada con aplicaciones de tejido a crochet y retazos de tela, dos baúles traídos a Cuba por inmigrantes canarios asentados en la zona, y el esquinero para colgar la ropa, la repisa con frascos de colonias, reloj y objetos religiosos.
En otro cuarto la cama personal conocida como colombina, la máquina de cocer, el ajuar doméstico y el tibor de peltre blanco.
El comedor ubicado en la segunda construcción, lugar de reunión de las familias campesinas, en él la mesa para comer, cercada con tauberetes y un banco de madera, en la esquina la tinaja empotrada en la pared, para almacenar el agua de beber de la cumbrera cuelgan útiles, las polaina de canillas, sogas, el sombrero de jipijapa, espuelas y alforjas, además chismosa o mechón con el cual alumbran las noches.
Decorada de manera singular aparece la cocina, el locero con el ajuar tradicional, el esquinero con las planchas de hierro, cantina, prensa para queso y guayo, en el fogón para cocer con leña, los calderos, el colador para café, colgado del techo el catauro para la carne, chicharrones y empellas, la excusabaraja para ahumar el queso de leche de vaca, en la pared la cesta para huevos y la guira para la sal.
En sus alrededores se levantan otras construcciones entre las que se destacan el pilón de maíz , el rancho vara en tierra con una sola puerta y en su interior hamacas, camastros, monturas, machetes y guataca, la letrina, la casa para curar tabaco, con tres cuartones donde se tienden los cujes y se procesa la cosecha.
Ciento trece palmas, escoltan al visitante y lo conduce al único museo etnográfico campesino que existe en la isla. La instalación fundada el 14 de octubre de 1987, recoge la forma de vida del campesinado cubano, en el se exhiben piezas que identifican su cultura material.
El Bohío posee una arquitectura de dos construcciones en forma de (T) unidas por una canal, cuyos materiales son tabla de palma y guano cana con su típico piso de tierra. En la sala se muestra como mueble tradicional el taburete confeccionado de madera dura y cuero, en las paredes fotografías de la familia Rodríguez
En el dormitorio del matrimonio la cama de hierro de mitad del siglo XX, tendida con sobrecama artesanal confeccionada con aplicaciones de tejido a crochet y retazos de tela, dos baúles traídos a Cuba por inmigrantes canarios asentados en la zona, y el esquinero para colgar la ropa, la repisa con frascos de colonias, reloj y objetos religiosos.
En otro cuarto la cama personal conocida como colombina, la máquina de cocer, el ajuar doméstico y el tibor de peltre blanco.
El comedor ubicado en la segunda construcción, lugar de reunión de las familias campesinas, en él la mesa para comer, cercada con tauberetes y un banco de madera, en la esquina la tinaja empotrada en la pared, para almacenar el agua de beber de la cumbrera cuelgan útiles, las polaina de canillas, sogas, el sombrero de jipijapa, espuelas y alforjas, además chismosa o mechón con el cual alumbran las noches.
Decorada de manera singular aparece la cocina, el locero con el ajuar tradicional, el esquinero con las planchas de hierro, cantina, prensa para queso y guayo, en el fogón para cocer con leña, los calderos, el colador para café, colgado del techo el catauro para la carne, chicharrones y empellas, la excusabaraja para ahumar el queso de leche de vaca, en la pared la cesta para huevos y la guira para la sal.
En sus alrededores se levantan otras construcciones entre las que se destacan el pilón de maíz , el rancho vara en tierra con una sola puerta y en su interior hamacas, camastros, monturas, machetes y guataca, la letrina, la casa para curar tabaco, con tres cuartones donde se tienden los cujes y se procesa la cosecha.
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