Guayos, pequeño pueblo del cual se discute el origen de su nombre y citado por la investigadora Sutaina Sotomayor, por el árbol de las frutas roja.
Constituye un asentamiento, con marcado matiz en la defensa de su cultura, que no es solo de parrandas; por sus calles anda la poesía, la música, la pintura, todo lo que es creación se sienta en los bancos del parque para disfrutar de sus noches tranquilas, o bajo la octogenenaria Ceiba, testigo de años, romance e historia.
Se quiere tanto la Ceiba, que siendo tan pero tan grandona, se le chiquea el nombre todos los guayenses dentro o fuera de Guayos le dicen Ceibita.
El árbol te da la bienvenida o la despide, depende de donde vengas, o hacia donde vayas, pero que alegría cuando el guayense de marcha por otros sitios, siente cerca su sombra.
El Árbol de la Virgen como también la nombran , fue traída y sembrada en el sitio donde estaba el parque “La malanga”;pero la construcción de la carretera Central la amenaza, los guayenses no querían perder su identificación, de nuevo otro trasplante, y ahí esta, perecedera, con algunas preocupaciones, por que nunca le ha gustado ver a personas ebrias, y son muchos los que en ella apoyan sus manos para no caer de bruces cuando se pasan de tragos.
Pensativa a veces, confieza la Ceiba de Guayos, "Creo que otro destino me debía tocar en la vejez"
Hablemos entonces Ceibita, con las instituciones culturales, con
los gastronómicos, conversemos con los ebrios para que sigas identificando no al ron más o menos puro, a la in masticable croqueta, a la despiadada música del reguetón; mereces como el drago de Icod de los vinos en la Isla Isleña de Tenerife la solemnidad del trato y los honores de un pueblo
El amolador de tijeras
¿Quién con más de 50 años no recuerda la tonada y el pregón del amolador de tijeras en Cabaiguán? a cualquier hora del día se oía a lo lejos esa tonada típica y alegre seguida del pregón “El amolador… tijera y cuchillos, ….El amolador….” Acompañado de su pequeña armónica.
El amolador era otro de los personajes típicos de la ciudad, que iba de calle en calle, anunciaba su llegada para que las amas de casa prepararan todos los implementos que requieren ser amolados.
El oficio les venia de familia pues sus abuelos, tíos y primos lo ejercían, las máquinas se heredaban y la clientela también.
Poco se escucha hoy el dulce sonido del raro instrumento, por suerte un moronense, que no le gusta decir su nombre se da sus vueltas por Cabaiguán, repasa las calles de norte a sur de este a oeste, rueda la polea con un golpe de pedal y saca chispas a instrumentos cortantes, ríe como buen criollo y se marcha como amigo
A duras penas me contó: Mi abuelo era gallego desembarcó en la Habana con esta misma máquina, mire esta nuevecita, me sirve o de sostén y aunque no tengo ningún heredero que la quiera si me placería enseñar el viejo oficio, llegado de la península a cualquier joven interesado, así la tonada enriquecerá el conjunto de sonidos que se mezcla en las calles.
La próxima vez que escuches el pregón del amolador, disfrútalo, pues cada dia… este personaje típico de se ha convierte en otra especie en extinción…
Cabaiguán: !Somos de todo, somos la unión!
Las diferencias de los pueblos, la determinan sus habitantes; las generalidades existen, las peculiaridades, los distinguen, esas son las más amadas por quienes poco a poco los conforman.
No son las estructuras de las edificaciones, el trazo de las calles o el sitio específico que ocupa geográficamente lo determinante, si bien estos factores influyen, en definitiva, quienes los pueblan juegan el rol principal.
Mi pueblo, como los otros, tiene personajes populares, personalidades distinguidas, construcciones distintivas, sello cultural propio, tradiciones diferentes, una rica historia de la cual los hombres y mujeres, niños y niñas viven orgullosos.
En mi villa las torres de las iglesias, llaman a los feligreses, unos entran, otros observan, hay algunos pensativos que no saben a cual entrar, también hay templos sin torres, y gran parte de los ciudadanos solo las conocen por referencia, nunca hay ido a rezar.
Mixtura de creencias, mezcolanza de devotos y ateos, mezcla, de plegarias y discursos, ¡mezcla!, eso es mi pueblo un mosaico, étnico, cultural y religioso, no solo los isleños se asentaron en Cabaiguán, llegaron negros, gallegos, andaluces, americanos, hasta un libanés y quiso dejar la huella para la posteridad.
Aquí se baila, el danzón de Arturo Alonso, la rumba y el guaguancó, aquí se baila la isa, y el reguetón, hay santos y santeros, Yorubas y paleros.
Esta es el rico revoltijo, de Guillen, el que previó martí; sabes, unos pintan el paisaje, otros prefieren la abstracción, unos gritan, otros hablan, también lloran y ríen a la vez , los chistes van desde el feo hasta cuando se equivocó en tal ciudad, porque muchos viajan, ¡otros no!.
Pero Cabaiguán es la clave, aquí, juntos están, discuten de la pelota, ¡Si como que no!, si el gallo de los gallos mucho tabaco torció,
¿A Blandino?,
¡Claro lo conocí!, (Aunque nunca lo vio, dice sí).
¡Nada de separación!, ¡somos de todo!, ¡somos la unión!
No son las estructuras de las edificaciones, el trazo de las calles o el sitio específico que ocupa geográficamente lo determinante, si bien estos factores influyen, en definitiva, quienes los pueblan juegan el rol principal.
Mi pueblo, como los otros, tiene personajes populares, personalidades distinguidas, construcciones distintivas, sello cultural propio, tradiciones diferentes, una rica historia de la cual los hombres y mujeres, niños y niñas viven orgullosos.
En mi villa las torres de las iglesias, llaman a los feligreses, unos entran, otros observan, hay algunos pensativos que no saben a cual entrar, también hay templos sin torres, y gran parte de los ciudadanos solo las conocen por referencia, nunca hay ido a rezar.
Mixtura de creencias, mezcolanza de devotos y ateos, mezcla, de plegarias y discursos, ¡mezcla!, eso es mi pueblo un mosaico, étnico, cultural y religioso, no solo los isleños se asentaron en Cabaiguán, llegaron negros, gallegos, andaluces, americanos, hasta un libanés y quiso dejar la huella para la posteridad.
Aquí se baila, el danzón de Arturo Alonso, la rumba y el guaguancó, aquí se baila la isa, y el reguetón, hay santos y santeros, Yorubas y paleros.
Esta es el rico revoltijo, de Guillen, el que previó martí; sabes, unos pintan el paisaje, otros prefieren la abstracción, unos gritan, otros hablan, también lloran y ríen a la vez , los chistes van desde el feo hasta cuando se equivocó en tal ciudad, porque muchos viajan, ¡otros no!.
Pero Cabaiguán es la clave, aquí, juntos están, discuten de la pelota, ¡Si como que no!, si el gallo de los gallos mucho tabaco torció,
¿A Blandino?,
¡Claro lo conocí!, (Aunque nunca lo vio, dice sí).
¡Nada de separación!, ¡somos de todo!, ¡somos la unión!
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